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27 de enero de 2017

Entre bambalinas - Bajo el sol de medianoche

Una vez leí una afirmación que me parece una realidad en la que pocos parecen reparar: la responsabilidad y esfuerzo de un autor (permitidme que use el género neutro) de novela romántica -en el subgénero histórico o de suspense, por ejemplo- porque, junto al romance, debe tejerse un entramado histórico, o un thriller (y así con cada caso). Algo que se parece mucho a escribir dos géneros en uno. 
Quería poner el foco, en esta ocasión, en el trabajo que hay detrás de una novela romántica histórica
¿Alguna vez os habéis preguntado en qué consiste la labor de documentación en este tipo de novelas? ¿Por qué un autor elige una época o ubica la historia concretamente en ella?
Y ¿qué ocurre cuando, además, esas historias se salen de la típica novela de Regencia, Highlanders o época Medieval? No tengo nada en contra de esos períodos históricos, pero estaréis conmigo en que suelen ser los más recurrentes.

Hoy os propongo viajar al Yukón (Canadá) de finales del s.XIX, a uno de los escenarios de la fiebre del oro, y a la ciudad de San Francisco de la mano de Marisa Grey.

¿Tenéis curiosidad por conocer las razones que están detrás de esta ambientación? Pues seguid leyendo, porque su autora nos cuenta los motivos y el arduo trabajo que hay detrás de la publicación de una novela romántica histórica.

Bajo el sol de medianoche - Marisa Grey
(1 de febrero de 2017)

En 1898 la ciudad de Dawson, en el remoto territorio del Yukón en Canadá, se ha convertido en el destino de miles de hombres y mujeres en busca del oro del río Klondike. Mientras todos sueñan con la nueva Fiebre del Oro, Cooper Mackenna se conforma con sobrevivir en su cabaña junto a sus perros, más deseoso de olvidarse de la mujer que le traicionó en el pasado que de hacerse rico. Lo que ignora Mackenna es que su pasado está a punto de reaparecer, cuando Lilianne Parker decide viajar hasta el Yukón en su busca para poner fin al último vínculo que la ata a un pasado doloroso. Su intención es conseguir una confesión de abandono que le permita solicitar el divorcio.
Cooper y Lilianne deberán decidir en quien confiar y si están dispuestos a averiguar qué sucedió en el pasado. Pero, por encima de todo, tendrán que averiguar si están dispuestos a darse una segunda oportunidad. 
Bajo el sol de medianoche no es solo una historia de amor, es también una historia de superación por parte de una mujer deseosa de ponerse a prueba y de un hombre carente de ambición en un entorno donde el oro y la codicia reinan entre las calles de una ciudad extravagante y caótica, donde unos se hacen ricos en cuestión de horas mientras otros mueren en la absoluta miseria.


Marisa, ¿cómo suena esta época?

Si tuviese que poner una banda sonora, sin dudarlo elegiría lo que escuché durante horas, sobre todo cada vez que tenía que poner voz a Lilianne, mi protagonista femenina. El cisne de Camille Saint-Saëns (1886) me recordaba la fragilidad y la melancolía que acompañan muchas veces a Lilianne, en sus momentos de dudas, de renuncias, de despedidas. Se compuso doce años antes, pero creo que bien podría haber sido la música de fondo de una velada de Adele Ashford, una amiga de Lilianne.

Una canción que tiene protagonismo es Daisy Bell, cantada por Gerald Adams. Algunas veces la escuchaba para ambientarme en la época. Al final le pillé el gustillo a esa voz entrecortada, lejana, encapsulada. No puedo escucharla sin pensar en Cooper y Lilianne, en una escena muy concreta durante una noche especial.


* (Pinchad en los títulos y podréis escucharlas mientras seguís leyendo)

¿Por qué elegiste el lejano territorio del Yukón para tu novela?

La fiebre del oro del Yukón en Canadá, que se dio a conocer al resto del mundo en 1897, me atrapó como lo hizo con miles de hombres y mujeres de entonces. Descubrí una aventura tan sorprendente como apasionante. El escenario del Yukón me sedujo por su tierra hostil y a la vez generosa, por su grandeza, también por sus singulares habitantes, hombres y mujeres de toda índole, marginados que huían del imparable progreso, aventureros, mineros en busca de fortuna, tramperos, analfabetos y poetas, que se enfrentaban a las mayores proezas con una temeridad y una valentía asombrosas. No pude menos que admirar su audacia; alcanzar el río Klondike representaba la última gran aventura después de la Conquista del Oeste, donde la codicia y un sorprendente código de honor iban de la mano.




                                   
           


Dawson City, una ciudad que apenas tenía dos años cuando se desarrolla mi historia, ya albergaba unos treinta mil habitantes; me ofrecía un marco totalmente diferente durante el cual las mujeres gozaron de una libertad insólita para la muy conversadora época Victoriana. Supe que al final acabaría encontrando los personajes que encajarían en aquella locura, tan rica en sucesos, oportunidades, perspectivas. Era como recibir un cheque en blanco.




En contraste, quería otro escenario como la sofisticada ciudad de San Francisco; cosmopolita, elegante, pero también muy conservadora, cuyo origen procede de otra fiebre del oro, con hombres influyentes y grandes imperios. Aspiraba a contar una historia de contrastes con unos protagonistas prisioneros de sus recuerdos al tiempo que anhelan una segunda oportunidad.




¿Cómo hiciste para documentarte? ¿Cuáles han sido tus fuentes?


El primer libro que despertó mi interés por las diferentes fiebres de oro que tuvieron lugar a finales del siglo XX, fue la novela de Norah Sanders: La balada del corazón salvaje, ambientada entre San Francisco y Alaska. Aunque me pareció interesante todo lo que esbozaba (porque hace referencia a la fiebre del oro que tuvo lugar en 1899 en la playa de Nome en Alaska), no era exactamente lo que buscaba.

En esta historia las fortunas ya estaban establecidas, los imperios fortalecidos. Yo quería algo más inicial, el germen de una fiebre del oro, la búsqueda de la gran aventura, la recompensa del éxito o el azote del fracaso.




El segundo libro que me abrió las puertas a lo que buscaba sin saberlo fue El río de la luz, Un viaje por Alaska y Canadá de Javier Reverte, donde el autor sigue los pasos de Jack London durante su travesía hacia los campos auríferos del Klondike en el territorio del Yukon.

Por aquel entonces centraba mis pesquisas en Alaska, pero Javier Reverte me señaló el camino de la ciudad que quería en mi historia: Dawson City, con toda su singularidad.



Gracias a su bibliografía de referencia pude seguir investigando y di con la biblia del Gold Rush más famoso que se ha vivido: Klondike, The Last Great Gold Rush, 1896-1899 de Pierre Berton. En este libro el historiador canadiense relata de manera detallada la más extravagante fiebre del oro que apenas duró tres años, pero que dio con los yacimientos más ricos del mundo. Mi gran problema fue el idioma, solo lo encontré en inglés, de ahí que tardara un siglo en leerlo, pero valió la pena.
Entre todas las personas que describe Berton, mi protagonista masculino fue cobrando forma. No tenía rostro ni identidad, pero ya sabía que iba a ser un buscador de oro peculiar.

Al seguir tirando del hilo di con otros libros, tan fascinantes como el anterior, con un plus nada desdeñable: eran contemporáneos a los sucesos que cuento en mi historia.
Para ello, tuve que recurrir a archivos, como la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. No os imagináis la emoción que sentí al meterme -online, por supuesto- en ese templo de la sabiduría.

El diario de Léon Boillot: Aux mines d’or du Klondike, du lac Bennett à Dawson City me ayudó a entender el impacto que causaba la ciudad de Dawson en los recién llegados. Sus ilustraciones fueron muy reveladoras.



El que más me fascinó fue Two Women in the Klondike: The Story of a Journey to the Gold Field of Alaska de Mary Evelyn Hitchcock. Me pareció curioso que dos mujeres maduras decidieran viajar hasta un territorio salvaje y remoto como "turistas", movidas por la curiosidad, solo para conocer de primera mano qué estaba ocurriendo en las orillas del Klondike, si eran ciertas las fabulosas historias que relataba la prensa de medio mundo acerca de las fortunas que brotaban de los lechos de los arroyos.




En cuanto "conocí" a Mary Hitchcock y Edith Van Burren, supe que tenían que aparecer en mi historia, de modo que gracias a estas dos ilustres viudas trotamundos, surgió mi protagonista femenina. Como el viaje de las dos viudas se inició en San Francisco, también me trazaron el periplo de mi protagonista y en qué año de la fiebre del oro debía transcurrir la trama: 1898.


Gracias a la gran repercusión que tuvo la fiebre del oro, encontré guías que se publicaron para ayudar a los hombres y mujeres que aspiraban a probar suerte y diarios de los que habían estado en el Yukon entre 1896 y 1898. No hay portadas porque son archivos microfilmados, como el Diario de Lady Flora Shaw durante su viaje al Yukon (mandada como corresponsal por el periódico The Times) que empieza:

‘I reached Klondike this morning completing the journey from London in 31 days. The time includes four days’ accidental delay on the rivers.’ Pocos sabían que el que informaba de su llegada al Klondike tras una travesía de 31 días desde Inglaterra era una mujer de armas tomar: Flora Shaw.
El viaje de Flora Shaw y de las viudas Hichtcock y Van Burren me dieron el listón para perfilar a mi protagonista: los tiempos cambiaban, las mujeres cobraban protagonismo, el movimiento sufragista daba incontables quebraderos de cabeza a los hombres, a los gobernantes a ambos lados del Atlántico.


Las primeras juezas, médicos, abogadas, fotógrafas, periodistas empezaban a alzar el vuelo, rompían el "inmovilismo" al que habían sido sometidas las mujeres. Quería una protagonista a la altura de estas féminas, con sus dudas, con las ataduras que conllevaba ser mujer. Era todo un reto ya que aspiraba a crear una mujer con sus limitaciones, pero con grandes aspiraciones sin que ella lo supiera.

La medicina tiene un gran peso en Bajo el sol de medianoche. También fue un reto buscar información de cómo se trataban las enfermedades, sobre todo las endémicas del Yukón, que para mi sorpresa fueron muchas y tan sorprendentes como la malaria. Estaba convencida que solo se daba en países tropicales, pero en el Yukón el invierno es un infierno que alcanza los 40º bajo cero, en verano es un horno que roza los 30º en un ambiente húmedo rodeado de ciénagas donde los mosquitos campaban a sus anchas. La guía que más me ayudó fue la que se repartió a los que iniciaban el viaje, escrita por Dr. G.O. Guy, un médico de Seattle, que venía acompañada con las medicinas recomendadas por las autoridades para hacer frente a los percances, desde una gripe, un lumbago o un corazón cansado y así convertirse en tu propio médico, que no abundaban.


La documentación fue un viaje en sí, no solo a través de los libros que he ido leyendo para entender los hechos y los sucesos, las fotografías de entonces fueron fundamentales para retratar la disparatada fiebre del oro en Dawson, en los arroyos del río Klondike, también para entender San Francisco, sus avenidas, sus comercios, el barrio chino. Necesitaba visualizar lo que escribía, ya fuera una calle de San Francisco o un campamento minero. Hasta la fauna y la flora del Yukon eran fundamentales.




¿Hasta qué punto la época ha condicionado el comportamiento de tus protagonistas?

A finales del siglo XIX las mujeres emergían de una etapa muy conservadora y alzaban el vuelo. La época en la que transcurre la historia fue fundamental para la liberación de la mujer. Se atrevían a aspirar a algo más que el matrimonio y la maternidad. Eran todavía muy pocas y se enfrentaron a incontables obstáculos, pero demostraron ser capaces de luchar por sus sueños. Me sorprendió descubrir las primeras mujeres jueces, abogados, médicos, las primeras universidades para mujeres, el hospital de Elizabeth Blackwell dirigido por mujeres y cuyos médicos eran mujeres, pero también a las valientes cocineras, lavanderas, modistas, madres que dejaban en sus hogares a sus hijos para viajar al Yukón haciendo frente a las durísimas condiciones del entorno. Emprendieron nuevos negocios, compraron sus derechos de concesiones y cavaron la tierra con el mismo ahínco que los hombres. Mi protagonista es una de ellas, audaz y decidida a afrontar las dificultades a pesar de las dudas y del miedo a lo desconocido. Sin embargo, la historia también refleja sus limitaciones como mujer, porque todas las batallas no estaban ganadas y la ley no las consideraba personas autónomas. Era una contradicción.

                         
     
                                         
La novela forma parte de la colección que B de Books presenta para San Valentín. Después de lo que nos has contado, a mí me cuesta vincular la portada con la época que vamos a encontrar o sus personajes. ¿Qué puedes decirnos sobre eso?


La portada no es lo que imaginaba y fue una decepción encontrarme con una imagen que no refleja nada de la época, de la fiebre del oro, de los protagonistas o de la aventura que viven.

Desde luego es atemporal y difícil de encasillar en un género. Solo espero que los lectores vean más allá de la cubierta.

Si tuviera que elegir una imagen sería ésta.
¿Queréis saber cómo empieza? Aquí os dejo el inicio

Finales de febrero de 1898,
 territorio del Yukón, Canadá


Silencio blanco. El silencio era cuanto se oía y el color blanco lo invadía todo a su alrededor. No se distinguían los árboles ni el curso del riachuelo, ni siquiera la montaña que se alzaba sobre la ciénaga en la confluencia de los ríos Yukón y Klondike. Un manto de nieve espesa sofocaba cualquier señal de vida. Era lo más parecido a la muerte o que el tiempo se hubiese detenido durante una eternidad en aquella tierra olvidada de todos. Solo de vez en cuando se oía el aullido lastimoso de un lobo ártico, que se desvanecía en la lejanía. Algunas veces él también sentía la necesidad de aullar, de gritar al silencio aunque fuera para oír su propia voz, desafiarle como el náufrago que alza el puño hacia la tormenta. No temía la soledad, lo que le provocaba pavor era la locura que se apoderaba de algunos hombres al vivir en condiciones tan extremas.
Aun así prefería la quietud a los días ventosos, entonces las corrientes se colaban por cualquier rendija y la sensación de frío se hacía insoportable. Sentía el viento del Norte como una respiración agónica de un ser omnipresente, que amenazaba con clavar sus garras en los habitantes de esa tierra en cualquier momento.
En unas semanas empezaría el deshielo; lo anhelaba y a la vez lo temía. Cuando los bloques de nieve se desprendían de las montañas, en un estruendoso chasquido semejante a un trueno, arrasaban con cuanto se cruzaba por su paso. La corriente de los riachuelos, dormida durante el largo invierno, se rebelaba de tanta quietud y se transformaba en una trampa para todo aquel que pretendiera cruzarla. Los ríos Yukón y Klondike se resquebrajaban como si disparasen una salva de cañonazos a una lámina de cristal. La naturaleza salía de su apatía invernal como un gigante iracundo tras un largo sueño.
El deshielo traería temperaturas más cálidas, pero también nuevos peligros como los osos hambrientos que saldrían poco a poco de sus cuevas tras meses de hibernación, más peligrosos que todas las trampas del invierno, y los lobos famélicos se acercarían a los campamentos en busca de restos de alimentos. Pese a todo, había encontrado un lugar donde era quien quería ser, donde nadie ni nada le marcaba ninguna pauta, ninguna limitación, excepto la naturaleza.
La recompensa surgía semanas después: el paisaje se convertía en un majestuoso tapiz salpicado por el azul de los lupinos, el morado de las adelfillas, los rosas y amarillos de las gaillardías y el blanco de los arbustos del té del labrador. El cielo abandonaba el gris plomizo del invierno y se tornaba de un celeste intenso salpicado de nubes níveas.
Pero aún faltaban semanas de monótona luz fantasmal, que apenas duraba unas pocas horas, y noches eternas en soledad con la única compañía de sus pensamientos. 
Cooper oteó el paisaje tan fascinante como traicionero bañado en una luz mortecina. A lo lejos apenas se distinguía el horizonte; cielo y tierra se confundían, las líneas se difuminaban, desaparecían, jugaban con el observador hasta que nada tenía principio ni fin. 
Un viento gélido lo envolvió en un abrazo feroz; enseguida sintió su despiadado mordisco en el rostro. Se arrebujó en la manta con la que se había abrigado y sacó el machete de su funda para partir una de las estalactitas que se había formado en el alero de la cabaña. Volvió al interior, a la semipenumbra solo rota por el halo de luz dorada de los dos farolillos colgados de una viga. Para protegerse del frío mantenía cerrado los postigos de madera de los dos ventanucos de la cabaña. Metió el trozo de hielo en una olla sobre la estufa encendida, que avivó con un leño, después hizo lo mismo con la chimenea. Al cabo de unos segundos el calor le desentumeció los dedos. Se sentó en el suelo sobre una gruesa piel de oso junto a sus perros, Linux y Brutus, a la espera de que se derritiera el hielo.
Linux ladeó la cabeza. Segundos después Cooper percibió lo que el perro había oído antes que él: unas pisadas se acercaban trabajosamente. La nieve crujía bajo las raquetas y de vez en cuando alguien soltaba una maldición. No necesitó mirar por el ventanuco para saber que era Paddy quien se acercaba. Palmeó el cabezón de Linux y se puso en pie para abrir.







Por mi parte, solo me queda agradecer a Marisa Grey que haya querido dedicar su tiempo a preparar esta entrada y contarnos cómo ha sido su labor de documentación. Y, si después de todo esto no os han dado ganas de conocer la historia que hay detrás de Bajo el sol de medianoche, no sé qué podría hacerlo. 

Os adelanto que, la semana que viene, viajamos a la Viena de los años veinte y al Berlín de los treinta de la mano de Marisa Sicilia y prometo que será igual de fascinante.

19 de enero de 2017

El éxito es para los mediocres

Recuerdo muy bien cuando mis padres y profesores me decían que, en esta vida, todo requiere un esfuerzo, que nadie te regala nada. Te decían que mentir estaba mal, que utilizar a la gente no era correcto y que si querías triunfar en la vida o conseguir algo, tenías que ganártelo.
Lo que no me ha enseñado nadie es a mirar hacia otro lado, a conformarme con lo que hay o a pensar en que todo vale. Supongo que por eso, cada día, me cuesta más callar y transigir.
Cuando empecé con este blog, todo me parecía una aventura maravillosa. Tenía un hueco donde poder hablar de lo que me gusta, compartir una afición, contarla. Era lo que hacían aquellos blogs que yo seguía y sigo todavía.
Luego empiezas a conocer lo que hay detrás del telón. Asistes a algunos eventos, hablas en petit comité sobre lo que hay detrás de la industria editorial y te sumerges en las redes sociales. Y todo ese mundo color de rosa explota en tu cara y te muestra el verdadero rostro. 

Después de todo este tiempo he llegado a una conclusión: El éxito es para los mediocres.

- Estamos en ese punto en el que se permite que haya bloggers que extorsionan a los autores y a las editoriales.

Extorsión. 1. f. Presión que se ejerce sobre alguien mediante amenazas para obligarlo a actuar de determinada manera y obtener así dinero u otro beneficio.
2. f. Trastorno o perjuicio.

Transformad la palabra amenaza en "ofrecimiento para hacer una bonita reseña en el blog, ya que la editorial no le envía ningún ejemplar". ¿Sabéis qué ocurre cuando esa extorsión se consiente? Que pasa a ser costumbre y que, si el chantajista es listo, puede incluso convencerte de que está prestando un servicio público, de que está ayudando al autor a darse a conocer. Nunca mencionan su verdadera intención: conseguir libros gratis y aspirar a ser alguien en la red. A ver si empezamos a hablar claro.
Es hora de que editoriales y autores empiecen a plantearse si ceder al chantaje merece la pena.

- Estamos en ese punto en el que las editoriales entran en el juego y ceden ejemplares de cortesía a cualquiera que les haga un comentario o lo enseñen en un vídeo de dos minutos. Señores de las editoriales, luego no se quejen.

- Estamos en ese punto en que lo que prima es el postureo y el amiguismo. Nada se cuestiona. Todo vale. Desde inventar premios, comentar para que te comenten, arrasar en el Natura/Ikea/Casa para adquirir el atrezzo que acompañará al libro en cuestión y convertirte en artista fotográfico (y al libro en un modelo de revista, obviando lo importante: el contenido), copiar las estrategias de los blogs de referencia e incluso el plagio de entradas... Es el juego de la araña, se trata de tejer una red lo suficientemente amplia para luego poder aprovecharte de ella. Y funciona. Ni siquiera necesitas tener talento, solo un club de seguidores. Si eres blogger, estás leyendo esto y te das por aludido, antes de defenderte piensa en que no ofende quien quiere, sino quien puede. Piensa en cuanto de verdad hay en mis palabras.

- Y, por último, estamos en ese punto en el que ni siquiera necesitas escribir bien para vender. Cada día se publican un sinfín de novelas. Dirígete al público adecuado y te lloverán las estrellas y las oportunidades.
No creo que exista un público selectivo. Creo que hay un sector muy amplio de gente que lee lo que le echen, así, sin correcciones, sin grandes tramas. Y me parece bien. Pero lo que no pienso consentir es que ese "escritor super ventas" me diga que su mediocridad queda suplida por las ventas. A otro perro con ese hueso. 

Acaba de salir el Programa del VII Encuentro RA de este año 2017, que tendrá lugar el 10 y 11 de febrero en Madrid. Las inscripciones se abrieron el 02 de diciembre. Es el único evento que obliga a inscribirse a los asistentes y a abonar la inscripción previamente, sin que éstos sepan lo que van a encontrarse y sin que se conozca en qué se invierte el dinero de la entrada (a 17 €  por cabeza, con un mínimo de 500 asistentes, una Antología en la que los autores que participan no cobran por sus derechos... id haciendo cuentas). Luego, claro, llegan las decepciones. Y, siempre, te sirve para confirmar sospechas (aquí también podemos hablar de amiguismo, postureo y connivencia editorial).
Llegará el día en que, coincidir con otros lectores y escritores, no compensará y este teatro termine. Señoras organizadoras del RA, cuando eso ocurra, no busquen excusas.

Si después de leer todo esto, confirmar que es verdad (pasead por la blogosfera, Instagram, Facebook o Amazon), no creéis que haya acertado en el título de la entrada... voy a necesitar que me expliquéis por qué no. Y, sí, podréis decirme que no todo es así, que hay excepciones. 

Las excepciones son las que hacen que no cierre este rincón, que no me largue de aquí harta de lo que veo y leo cada día. Cada bendito día.
Las excepciones (todas esas personas con las que comparto opinión y me desahogo en privado, todas esas novelas que me enseñan que detrás hay un profesional, todos esos bloggers que no utilizan la red como un negocio bajo la excusa de que es como un trabajo) hacen que seguir aquí merezca la pena. Aun cuando siga creyendo que el éxito es para los mediocres.





15 de enero de 2017

Entre el mundo y yo - Ta-Nehisi Coates


ENTRE EL MUNDO Y YO



Ta-Nehisi Coates


Edición impresa
ISBN: 9788432229657
Seix Barral (Planeta)
2016



Narrativa extranjera



SINOPSIS

Una carta de un padre a su hijo. Una profunda reflexión sobre la realidad social de la Norteamérica actual que recoge grandes temas universales como la discriminación, la desigualdad y el activismo necesario para combatirlas.
«Éste es tu país, tu mundo, tu cuerpo, y debes encontrar la manera de vivir con todo ello.»
«La que quiero para ti es que seas un ciudadano consciente de este mundo terrible y hermoso»

¿Por qué decidí leer Entre el mundo y yo?
En noviembre de 2016, Donald Trump ganó las elecciones a la presidencia de EEUU. Era algo así como el cuento de Pedro y el lobo, nadie pensaba que podría pasar pero pasó. Luego, compartí un almuerzo con mujeres que seguían las noticias, han leído y, sobre todo, han viajado, y comentamos el tema del por qué. Una de ellas me abría los ojos al comentarme que la situación en EEUU no era, ni mucho menos, como nos la vendían en televisión. No todo eran barrios residenciales, Manhattan, o perseguir el gran sueño americano. Por el contrario, aquello tenía más que ver con barrios y familias fuera del sistema, que no trabajaban, que sobrevivían con el subsidio del gobierno, pero sobre todo con un alto índice de población que, simplemente, es invisible y forma parte del porcentaje que no está "dentro del sistema". Y, posiblemente, el resultado de las elecciones no tuviera tanto que ver con Trump como con castigar a ese sistema injusto pero real.

Y, sabiendo todo eso, conocí la publicación de Entre el mundo y yo, leí algunos comentarios y decidí que quizá podría aprender algo de la situación que se vive en EEUU, concretamente, para la población negra. La verdad, no era lo que esperaba, pero me alegro de haberlo leído.

«De momento, hay que decir que el proceso de blanqueo de las diferentes tribus, y el ascenso de la creencia en el hecho de ser blanco, no se produjo por medio de las catas de vino y las reuniones sociales para comer helado,  sino mediante el saqueo de vidas, libertad, trabajo y tierra; mediante los latigazos en la espalda; las cadenas en brazos y piernas; el estrangulamiento de los disidentes; la destrucción de las familias; la violación de las madres; la venta de los hijos; así como otros muchos actos destinados, principalmente, a negarnos a ti y a mí el derecho a proteger y gobernar nuestros cuerpos.»

Digo que no era lo que esperaba porque se trata de una carta (de casi 200 páginas) que Ta-Nehisi Coates dirige a su hijo Samori, de quince años, en la que le habla de lo que supone ser negro en América. Algunas referencias a la infancia, a la escuela, a referentes como Malcom X, a los asesinatos de jóvenes a manos de la policía que nada tienen que ver con la comisión de un delito sino con el color de la piel de esos jóvenes.
Y, cuando he terminado el libro, he sido consciente de que no tenía ni la más remota idea de lo que pasa al otro lado del océano. Que los dos minutos que dedica el noticiario a dar a conocer las revueltas y asesinatos que dejan impunes a la policía es algo que nos parece lejano y ajeno. Que, quién me lo iba a decir, la realidad tiene más que ver con la imagen de Michelle Pfeiffer en Mentes peligrosas, intentando hacer algo por el futuro de unos jóvenes que ya están condenados a sobrevivir a las calles, a que la escuela sea sinónimo de "un sitio que impide que estén vagabundeando y cometiendo crímenes", a que cada día pueda ser el último, solo por el color de su piel. De nada ha servido que su último presidente sea afroamericano. 

Coates se refiere continuamente a la falta de seguridad y de control que una persona negra tiene sobre su propio cuerpo. En algunos momentos pensaba que era un discurso demasiado radical, pero cuando sabes que este libro ha recibido el galardón National Book Award de No ficción de 2015 (entre otros), y ha sido finalista del Premio Pulitzer 2016, en ese caso, no puedes negar la evidencia.

«Un años después de ver al chico de los ojillos sacar su pistola, mi padre me pegó por dejar que otro chio me robara. Dos años más tarde, me pegó por amenazar a mi profesor de noveno. El hecho de no ser lo bastante violento podía costarme mi cuerpo. el hecho de ser demasiado violento también podía costarme mi cuerpo»

«Por fin entendía personalmente a mi padre y su antiguo mantra: "La paliza se la puedo dar yo o la policía". Por fin lo entendía todo: los cables eléctricos, los cables de extensión, la vara ritual. 

Las personas negras amamos a nuestros hijos de forma un poco obsesiva. Sois todo lo que tenemos y ya nos llegáis en peligro. Creo que preferiríamos mataros nosotros mismos antes de ver cómo os matan esas calles que América ha creado.»

Entre el mundo y yo me ha hecho darme cuenta de lo poco que sé sobre el tema, de lo poco que nos importa cuando no pertenecemos al grupo agraviado, de lo fácilmente manipulables que podemos llegar a ser cuando los hechos ocurren a miles de kilómetros y es un problema de otros. La brecha racial existe y, si no lo sabías o solo lo intuías, éste es un libro imprescindible para conocer el sentimiento y la necesidad del activismo de la población negra en América. Es una lectura que te hace reflexionar.

«Esto es lo que me gustaría que supieras: en América es una tradición destruir el cuerpo negro: es un patrimonio. La esclavitud no fue un simple acto aséptico de coger prestada una fuerza de trabajo; no es tan fácil conseguir que un humano entregue su cuerpo en contra de sus intereses más elementales. De modo que la esclavitud tiene que emplear cólera azarosa y violencia corporal arbitraria, necesita cabezas rotas y sesos vertidos en el río cuando el cuerpo intenta escapar. Tiene que emplear unas violaciones tan habituales que se vuelven industriales. No hay forma edificante de decir esto. Yo no tengo himnos religiosos ni antiguas canciones espirituales negras. El espíritu y el alma son el cuerpo y el cerebro, que se pueden destruir, y es justamente por eso por lo que son tan valiosos. Y el alma no se escapa de esto. El espíritu no se escabullía en las alas del góspel. El alma era el cuerpo que alimentaba el tabaco, y el espíritu era la sangre que regaba el algodón, y ambas cosas crearon los primeros frutos del jardín americano. Y esos frutos se obtuvieron a a base de azotar a niños con leña de la cocina y del hierro candente que arrancaba la piel como si fuera las hojas de la mazorca de maíz.»


7 de enero de 2017

Una imagen vale más... - Henri Cartier-Bresson

Envidio a la gente creativa, a los artistas. Y, aunque soy de las que afirman que ni la belleza salvará al mundo, sí que creo que lo mejora y que es esa gente creativa la que lo hace posible. El arte en todas sus variadas y magníficas representaciones. Gente que escribe: novela, poesía, ensayo, guiones cinematográficos... capaz de crear historias o provocar los más diversos sentimientos. Gente que pinta o dibuja: en forma de lienzo, de ilustración, con spray en el muro de una calle o con tinta en la piel de otra persona, con toda la paleta de colores o con un simple lápiz, negro sobre blanco. Gente que fotografía, inmortalizando para siempre el más leve gesto o la composición más compleja, un letrero en una calle o un paisaje recóndito y hermoso. Gente que toca cualquier instrumento musical o que utiliza su voz como tal. Gente que actúa, en forma de teatro, de película, de serie televisiva. 

Hoy quería hacerle un hueco a la fotografía. Debo reconocer que Pinterest tiene mucha culpa de esta entrada. Ha sido una de esas plataformas en las que invertir horas de ocio, en las que encontrar un poco de todo. Fotos bonitas, pintura e ilustraciones, momentos históricos inmortalizados en un clic, en blanco y negro, en color. Imágenes que nunca olvidaremos gracias a los reporteros gráficos: las Torres Gemelas cayendo, el rostro de Sarbat Gula (si os digo que fue la niña afgana portada de National Geographic en 1985, la imagen aparecerá nítida en vuestra mente), el miliciano abatido de Robert Capa. Y como sufro esa especie de disociación, lo mismo creo un tablero dedicado al amor, como un tablero dedicado a las imágenes más cruentas de conflictos bélicos (el nombre no importa, el horror es el mismo, llámese Vietnam, Ruanda, Sarajevo, Auschwitz, Alepo, Guernica...)

Este año 2017 quiero dedicar cada mes a conocer -y en algunos casos, a profundizar- la vida y obra que hay detrás de artistas y profesionales tras la cámara: Henri Cartier-Bresson, Robert Doisneau, Elliott Erwitt, Dorothea Lange, Laura Makabresku, Gervasio Sánchez, Annie Leibovitz, Hansel Mieth, Gerda Taro (Gerta Pohorylle), Brassaï (Gyula Halász), Alfred Eisenstaedt, Vivian Maier, y muchos más...
Probablemente no es casualidad que la mayoría de los elegidos tengan obras, en su mayoría, en blanco y negro.


El mes de enero tiene nombre de Henri Cartier-Bresson (1908 Chanteloup, Seine-et-Marne - 2004 Provenza). No os perdáis su biografía porque tuvo una vida realmente interesante. Cofundador de la Agencia Magnum. Encontré en la biblioteca el ejemplar de Lunwerg Editores. Sesenta y cuatro fotografías en diferentes países, imágenes cotidianas y todas con algo especial. Pero si me tengo que quedar con una de las que aparecen en esta compilación, elijo Rumanía, 1975.
Dice Cartier-Bresson al inicio:

"Fotografiar es, en un mismo instante y en una fracción de segundo, reconocer un hecho y la organización rigurosa de las formas percibidas visualmente que expresa y dan sentido a este hecho. 
Es poner en el mismo punto de mira la cabeza, el ojo y el corazón. Es una forma de vivir"




Rumanía, 1975








                                            










Entrad en Google, poned su nombre y dejaos invadir por las fotografías de uno de los maestros, por su talento para disparar y captar el instante decisivo.