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22 de abril de 2018

No es este el Paraíso prometido

Los domingos siguen pareciéndome los días estrella de la semana. Sobre todo, las mañanas. El ritmo se ralentiza, se alarga el desayuno y puedes dedicar un tiempo a la música, a la lectura y a practicar la pereza o el bendito arte del remoloneo

Mañana, 23 de abril, es uno de los días del calendario señalados por los lectores. Esta semana se celebra la Feria del Libro en Córdoba y, otro año más, me la he perdido y me reservaré algún día para la de Madrid. Quizá por eso quiero compensarlo trayendo a Ben Clark y su obra Los hijos de los hijos de la ira, XXI Premio de Poesía Hiperión. Dice Ben que es un tributo al año que estuvo en la Fundación Antonio Gala en Córdoba. Y, como me he vuelto egoísta, y quiero tener esta casa llena de cosas bonitas, dejo alguno de sus poemas. Porque es domingo, porque es belleza y porque necesito algo que compense todo lo demás. Suscribo las palabras del poeta:  

<<NO es este el Paraíso prometido
Y, sin embargo ¿quién se ha dado cuenta?>>


XII

LO que viene después de lo peor
es algo muy difuso, algo muy nimio.
Un tiempo que quizás, si no existiera,
tan solo extrañarían los taxistas
que se han acostumbrado con los años
a distinguir perfectamente cuando
tenemos la pupila fracturada,
la frente algo más gris y en las rodillas
un temblor que preludia la avalancha.
Entonces aprovechan - como lo hace
también la vida siempre en estos casos-
y nos cobran más cara la carrera.


III

YO creo que el amor debe existir.
También creo que algún día el amor
recoge en un petate cuatro cosas
y se va -pero no por donde vino-.
Es triste.
Pero no es lo más triste.
Es mucho más terrible que no expliquen
ni en las aulas ni en libro alguno que
el amor, de existir, tiene los pies
ligeros como el aire y no se ve
-lo mismo que la brisa es invisible-
y lo triste consiste en que se marcha
dejándonos inmóviles, los párpados
como embalses resecos de una agosto
juzgado equivocadamente abril.


VII
(Alberca Blues)

NADA da tanto miedo como el frío.
Recuerdo la primera vez que unidos,
respirándonos mutuamente - suerte
de extraña criatura entre la lluvia-
sentimos el poder de nuestro abrazo.

La noche en que sentimos que la noche
nada podía hacer para matarnos.
Que habíamos vencido.

Que el plomo caería desde un luto
altísimo y nosotros allí, como
si nada; como quien oye llover.

Habíamos vencido y como siempre,
siendo primos hermanos la alegría
y el olvido, olvidé el miedo que daba
estar en una calle tiritando,
como estoy hoy sin ti.

Nada da tanto miedo como el frío.

8 de abril de 2018

Y, cuando me pregunten, ¿qué es para ti el amor? Pensaré en vosotros.

Cada libro tiene su lector. Cada película, su espectador. ¿Existe un concepto universal que defina qué es el "amor"? ¿Existe un único sentido para el "final feliz"?

No lo creo. Para mí, "Llámame por tu nombre" y "De óxido y hueso" tienen mucho de eso. Lo digo desde la perspectiva de alguien que no cree en las grandes declaraciones, pero sí en los pequeños gestos. Todo sujeto a libre interpretación, claro.

Y ahí están, esas dos pequeñas joyas. Si fueran estaciones del año, una sería el verano y la otra el invierno. Y las dos derrochan una belleza y una emoción contenida, como pocas. Quizá sea esa la razón por la que tengo abandonado el género romántico y ya no me valga lo evidente, lo trillado, ese amor romántico que ya me parece artificioso e irreal. Tan poco reconocible, apenas creíble.
Y, cuando ya estás un poco cansada de lo convencional y te cruzas con esto, caes rendida a sus pies.


Llámame por tu nombre 

¿Libro o película? Las dos. La novela, llena de matices, la deliciosa narrativa de André Aciman, la transgresión por atreverse a contar un amor de verano, homosexual, entre un jovencísimo Elio y un Oliver con casi diez años más, con la seguridad que da la edad y aun así, con tanto por descubrir junto a Elio. Un canto a la vida, al despertar sexual, a las Artes, a los pequeños desengaños. Una experiencia sensorial, llena de sensualidad, sensaciones, olores, miradas y desnudez. Y, en mi opinión, con un final perfecto en la novela. 


<<... Y no quería palabrería, ni charlas en bici, ni tampoco charlas sobre libros. Simplemente el sol, la hierba, la esporádica brisa marina y el perjume fresco de su cuerpo, de su pecho, de su cuello y de sus sobacos. Cógeme sin más y múdame la piel y pon mis entrañas al aire, hasta que, al igual que el personaje de Ovidio, me mimetice con tu lujuria, eso desearía. Véndame los ojos, cógeme la mano y no me pidas que piense. ¿Harías eso por mí?>>

Una banda sonora tan bella, que ella sola es razón suficiente para ver la película.






De óxido y hueso


Tanta gente afín hablando de ella. Y vaya si merecía la pena. La película. El libro del mismo título -de Craig Davidson-, aunque sirviera de inspiración, no tiene el mismo contenido. Una historia con tantos mensajes para quienes queremos interpretarlos, estudiarlos, vivirlos: superación, libertad, dureza, sinceridad, dolor. Dos personajes unidos por la casualidad, rotos, aferrándose a lo que pueden para continuar, para hacerle un corte de mangas al destino y gritarle que si quiere hundirles tiene que hacerlo mejor, porque ahí están ellos para enfrentarlo. Vivos.

Preciosa, Marion Cotillard, sin rastro de maquillaje, sin nada que oculte al personaje de Stéphanie. ¿Cómo superas un accidente que te ha dejado sin piernas que te sostengan? Quizá solo por tus propios medios y dejando entrar en tu vida a alguien que no va a compadecerse de ti, del que no puedes depender. 

Perdido y difícil, Alí (interpretado por Matthias Schoenaerts). Real, inconmovible, distante, poco fiable. Un tipo tan poco recomendable y, a la vez, lo que parece necesitar Stéphanie.

Fijada en mi memoria, por su belleza, la escena en la que Stéphanie se comunica con una de las orcas que amaestraba. Oscura, luminosa, original, trágica y conmovedora. Así es De óxido y hueso. Un placer para los sentidos y para mi corazón.










6 de abril de 2018

Buen corazón quebranta mala ventura

<<Buen corazón quebranta mala ventura>>

Esa afirmación, esa especie de refrán, sobrevuela mi cabeza muchos días. La leí en la novela Por si me oyes, de Pascale Quiviger. El protagonista, David, sufre un accidente y queda en coma. Durante su estancia en el hospital alguien- no recuerdo si su mujer o su madre- dice esa frase. Como si tener buen corazón ya fuera razón suficiente para que despierte y continúe con su vida.

En algún momento todos nos sentimos así. A merced de la mala ventura, un término que me evoca líneas del destino marcadas en las palmas de las manos, naipes de figuras siniestras y vuelos de pájaros de alas negras. Algo unido al azar. Algo que no depende de ti.

Porque tener buen corazón nunca ha estado asociado a la suerte, el éxito, o cumplir deseos. Ni siquiera con que te vaya bien o te traten con aprecio. Por si hubiera alguna duda, no hablo de mí, sino de personas que conozco a las que nadie regaló nada, que han hecho frente a los desafíos, que decidieron hacer las cosas con honestidad e ir a contracorriente y eso -no cumplir con las normas establecidas-, las han convertido en personas incómodas o invisibles, a veces, ambas cosas. Ocurre en cualquier ámbito de la vida. Echo mano de algún consejo: desconfía del halago fácil en un mundo donde nadie hace nada gratis. No hay día que no lo piense. Hago mía la expresión de una amiga: afortunadamente, nunca nos cegaron las luces. Pienso en aquel poema de Antonio Machado... mala gente que camina...

HE ANDADO MUCHOS CAMINOS

He andado muchos caminos,                                                 Nunca, si llegan a un sitio,
he abierto muchas veredas;                                                  preguntan a dónde llegan.
he navegado en cien mares,                                                  Cuando caminan, cabalgan
y atracado en cien riberas.                                                    a lomos de mula vieja,
                                                                                                   
En todas partes he visto                                                         y no conocen la prisa  
caravanas de tristeza,                                                             ni aun en los días de fiesta.
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra,                                                  Donde hay vino, beben vino;
                                                                                                   donde no hay vino, agua fresca.
y pedantones al paño                                                             
que miran, callan, y piensan                                                  Son buenas gentes que viven, 
que saben, porque no beben                                                  laboran, pasan y sueñan, 
el vino de las tabernas.                                                           y en un día como tantos,
                                                                                                   descansan bajo la tierra.
Mala gente que camina
y va apestando la tierra…

Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan,
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.


Dejo las divagaciones. Vuelvo a mi rincón de lectura. Sigo leyendo historias de resilencia y estando cerca de personas que son abrigo y refugio.  Lejos de la mala gente que camina y va apestando la tierra.
Quizá, algún día, se cumpla esta afirmación y tener buen corazón no sea una debilidad. No estaría de más un poco de justicia poética. 

Cierro con palabras de autores que hacen que un día con poesía sea un día mejor, más completo, más bello. De la mano de Karmelo C. Iribarren, de una de sus Antologías poéticas: Pequeños incidentes. 


VUELVE A INTENTARLO

Esas mañanas de domingo,
en invierno,
a primera hora:

las calles recién regadas,
el aire fresco,
limpio,
el olor a cruasán de las cafeterías,
la locura
de los pájaros...

Como si la vida 
te dijese:
                mira, aquí me tienes,
vuelve a intentarlo.


LA LEVE SOMBRA

La leve sombra que proyectas
sobre la sábana recién inaugurada
es un país tranquilo, acogedor,
donde se hospeda
-por pura complacencia-
toda la luz del mundo.

29 de marzo de 2018

Benjamín Prado - Poemas

Suena Hold back the river de James Bay. Amanece frío pero soleado, quién sabe hasta cuándo. Hoy, detrás del teclado, viene a mi cabeza aquello de que el tiempo pone a cada uno en su sitio, en su lugar. Vaya si lo hace. Puedes ver la realidad desnuda, las decepciones, elegir la compañía y las batallas, aceptar las derrotas. Coges tu vida y decides qué haces con ella, cuál será el siguiente paso. 

Decía Maya Angelou: <<He aprendido que puedes descubrir mucho acerca de una persona si te fijas en cómo se enfrenta a estas tres cosas: perder el equipaje, un día de lluvia y una ristra enredada de luces de Navidad>>
Puedes descubrir y aprender mucho si te fijas en los pequeños detalles. 

Sigo leyendo libros y artículos incómodos para recordarme que todo es relativo, que siempre existió otro escenario mucho más duro, cruel y despiadado. Encajo el puñetazo en el estómago. Y, luego, intento compensarlo con el poder del arte en todas sus formas. Y me lo traigo aquí. Sin renunciar a lo que soy.



ICEBERG

Entra al poema,
lávate en su agua clara,
pisa su limo

y oye mi historia.
Olvida lo que sabes,
ve lo invisible

y húndete en mí.
Verás la parte oculta
del iceberg.

Verás tu miedo,
verás tus ilusiones
desde mis ojos.

Verás tu cara
esculpida en el hielo,
hecha de arena.

Así es la vida:
lo que es falso es la luz,
lo conocido.

Así es la vida:
la verdad nos espera
bajo las olas.



NUNCA ES TARDE

Nunca es tarde para empezar de cero,
para quemar los barcos,
para que alguien te diga:
-Yo sólo puedo estar contigo o contra mí.

Nunca es tarde para cortar la cuerda,
para volver a echar las campanas al vuelo,
para beber de ese agua que no ibas a beber.

Nunca es tarde para romper con todo,
para dejar de ser un hombre que no pueda
permitirse un pasado.

Y además
es tan fácil:
llega María, acaba el invierno, sale el sol,
la nieve llora lágrimas de gigante vencido
y de pronto la puerta no es un error del muro
y la calma no es cal viva en el alma
y mis llaves no cierran y abren una prisión.

Es así, tan sencillo de explicar: -Ya no es tarde,
y si antes escribía para poder vivir,
ahora
          quiero vivir
                      para contarlo.


Benjamín Prado.

15 de febrero de 2018

Cielos de papel echa el cierre ¡Hasta siempre!

Diciembre 2014 - Febrero 2018. Ciento sesenta y una entradas publicadas. Ciento cuarenta y cinco seguidores. Ciento cincuenta y dos mil visitas.
Esas son las cifras del blog.

Pensaba que escribir esta entrada iba a darme pena o costarme un disgusto y no es el caso, lo que estoy es agotada. Me despido para dedicarme a lo que un día me trajo aquí: leer y disfrutar de lo bueno de la literatura, apartando todo lo demás. No es una rendición, es una liberación.
Quiero volver a ser una lectora anónima. Todavía no tengo muy claro si también dejaré de "estar" u opinar en Instagram y Goodreads, aunque todo indica que así será.
Después del camino recorrido, me parece un alivio volver a los orígenes.

Ojalá pudiera deciros con palabras cuánto bueno me ha traído estar aquí durante estos más de tres años. Las personas que he ido encontrando por el camino, que me han cambiado, enriquecido y hecho muy feliz. Esa gente se queda conmigo y me gusta imaginar el futuro disfrutando de su compañía, de sus éxitos, de las charlas. Compartir lo que nos unió: nuestra pasión por los libros.

Sé que habrá gente a la que esta entrada pille de sorpresa porque cuando he querido hacer esto antes - cerrar el blog - sus palabras de aliento me han ayudado a continuar. Y quizá sientan tristeza. Espero que no ocurra. Quería dar aquí lo mejor de mí y muchas veces no ha sido el caso. Siento cómo se aligera el peso sobre los hombros mientras finalizo esta entrada. La cabeza alta y el corazón un poco acelerado ante las expectativas de lo que está por venir.

Gracias a los que habéis estado, a los que habéis pasado por aquí y aportado vuestro granito de arena o simplemente porque os ha interesado algo de lo que he publicado.  Gracias a todos los que, con sus gestos, me habéis enseñado lo bueno y lo malo del mundo blogger, editorial y de autor. De todo me llevo una enseñanza.

Solo me queda desearos felices futuras lecturas y recordad que siempre, incluso en los peores momentos, lo que nos salvan son aquellos de quienes te rodeas y los libros. Sed felices. Yo lo he sido mucho durante este tiempo.

Y ésta seré yo a partir de ahora

13 de febrero de 2018

De esos barros, estos lodos

¿Os acordáis que dije que no iba a hacer ninguna entrada polémica? Ésta tampoco lo es. Ésta es mi opinión sobre lo que está ocurriendo alrededor de la novela romántica en este país, a raíz de las últimas noticias sobre plagio.

El viernes, antes de que estallara la bomba informativa, recibí un correo de Patricia pidiéndome colaboración para que difundiera lo que ella había descubierto. Os dejo el enlace de "Desmontando a Norah Carter" para que sepáis de lo que os hablo.

Hasta hoy no me he pronunciado ni pensaba hacerlo.  ¿Sabéis lo que he ganado alzando la voz estos últimos meses? Na-da. Todo lo contrario.

Entre varias lectoras fundamos un club de lectura y tuve que salir junto a otras compañeras. Cada cual tendrá sus razones, pero yo os digo la mía: no soportaba compartir lo que para mí es una pasión con personas que estaban allí para conseguir entrar en el mundo blogger consiguiendo contactos y comentarios, para conseguir futuros envíos por parte de las editoriales. Para ellas (y otras) soy esa persona que siempre "está liándola y que crea mal rollo". Poner en evidencia lo que, a todas luces, es un negocio y una campaña de marketing bajo un supuesto amor a los libros y admiración por las autoras de novela romántica española está feo. Molesta. Cuando lo dices te estás cargando ese más que falso buenrollismo.

Pretendía no tener que volver a ello. Pero, claro, es que hay mucha gente hablando del tema. Especialmente escritoras, porque el plagio les toca de lleno y donde más les duele.

Lo que me gustaría decir sobre el tema es lo siguiente:

- Menos golpes de pecho. Todo el mundo sabía que lo de Norah Carter y compañía no era normal. Tampoco que siempre estuviera posicionada en los primeros puestos de Amazon.

- Aun así, se la invitaba a eventos como si fuera "una escritora de novela romántica más". En alguno, incluso sentada en una mesa de promoción. Y todo el mundo conoce -pero nadie se atreve a decir en voz alta para evitar males mayores- la única razón de que se le hubiera facilitado un sitio privilegiado en una de las mesas del RA (uno de los mayores y más destacados eventos de romántica) Favor con favor se paga.

Podemos seguir haciendo un recorrido a los últimos años. Antes, cuando no existía ni Amazon ni se publicaba todo lo que llegaba a la editorial sin apenas filtros, la visibilidad la acaparaban varias autoras nacionales y extranjeras. Ahora, el cartel de escritora, se lo asigna cualquiera. Cualquiera. Así que, cuando el boom explotó salieron todos los que aprovechan el éxito y talento de otros para medrar. Veo a autoras que, a raíz de la noticia del plagio de novelas dicen: "ya sabéis que no me gustan estas polémicas", como investidas de mayor dignidad por ello. Me pregunto:

- ¿Denunciar lo que no funciona y que se hable de ello es "entrar en polémica"? ¿Alguien piensa que es plato de buen gusto tener que hacerlo? Lo único que consigues es convertirte en una paria. A ti y a los que te rodean. Lo digo por experiencia. Pero para casos como éstos sí se reacciona en apoyo al gremio. Y me parece bien. Ya era hora.

- Cuando una persona que dice admirarte crea un negocio de venta de marcapáginas (y demás parafernalia) usando frases de tus novelas o el título, actividad de la que tú no ves un duro... ¿Eso sí nos parece bien? ¿No hay nada reprobable en ello? Para esto nadie se rasga las vestiduras. ¿Sabéis por qué? Porque es publicidad y visibilidad. Y eso, se vende en instagram/blogger como "un detalle súper bonito".
Vamos, que me dice a mí alguien que le encanta mi blog y que por eso va a hacer y vender marcapáginas con mi cabecera y ponerlo a la venta y... en fin. Nunca tendrá mi apoyo, respeto ni mi reconocimiento. Pero claro, hablamos de un mundo donde si no estás, si no te ven, no existes. Así que ahí están las autoras, tragándoselas y capeando el tema algunas y otras encantadísimas de ser objeto de ello, viendo como otras usan su trabajo y ganan más con eso que ellas con sus derechos por la venta de novelas digitales. Por ejemplo.

- Parece que también es lógico que, en aras a esa misma visibilidad, se envíen detalles (marcas, novelas...) a youtubers literarias. Proliferan esos canales en las que una o dos chicas hacen entradas semanales/mensuales con lo que han recibido. Otras veces, con sus opiniones (no, no son reseñas) sobre las novelas que les han enviado gratuitamente. Y ves a las autoras agradeciendo eso, que personas que, en algunos casos, no saben ni expresarse en el lenguaje de Cervantes hablen de tu trabajo, de tu obra. Debe ser difícil para ellas tener que compartir ese tipo de cosas de las que, íntimamente, sienten vergüenza ajena. Porque si no te ven, no estás.

- Y no olvidemos los sorteos. Tienen toda la lógica, os lo explico: tú le dices a una autora que quieres hacer un sorteo en tu blog porque te encanta cómo escribe y es una manera de darle visibilidad. Entonces lo anuncias a bombo y platillo, en general de esta forma: "Seguidores, tenemos un sorteo activo: tenéis que suscribiros, seguirme, comentar en mi blog, etc, etc..." Y todos los comentarios son: gracias por hacer este sorteo.
Parece ser que el hecho de que la autora tenga que ceder el ejemplar y correr con los gastos de envío no cuenta. Lo que cuenta es que tal blog sortea tal novela. ¿No es fantástico? El blog crece y tú no tienes que hacer nada, todo a costa de la buena voluntad y dinero de la autora. Cero gastos frente a cien por cien repercusión en las redes, aumento de seguidores para  poder conseguir que las editoriales te sigan enviando novelas gratis.

- ¿Y las mini reuniones con las editoriales para diseñar la siguiente estrategia publicitaria de tal o cual obra? Venga, nos juntamos, hacemos un desayuno/merienda, repartimos ejemplares y vosotras, bloggers de cabecera, los leéis, reseñáis, sorteáis... La única idea es que esté a la vista. Muchas fotos, por favor. Esas y esos bloggers son en realidad los comerciales de las editoriales. Así pasa lo que pasa en Goodreads y demás plataformas de lectores. Todo lo desvirtúan para evitar que se les cierre el grifo.

- Y como consecuencia de lo anterior también podemos ver Twitter y Facebook lleno de post de la editorial compartiendo y agradeciendo enérgicamente las reseñas que los bloggers a los que ellos previamente han enviado los libros. Todo súper real, súper sincero y creíble.

Así que, si las autoras y lectoras se están llevando las manos a la cabeza con el tema del plagio de obras de compañeras, me pregunto por qué no ocurre lo mismo con todo lo que sucede alrededor. Me pregunto por qué a todos les parece tan bien toda la degradación publicitaria y siguen sin pronunciarse sobre esto. Me pregunto por qué, en este país, las autoras de romántica tienen que seguir sujetas a la tiranía del mercado, las ventas y la gente que lo está aprovechando en su propio beneficio pero bajo la imagen, falsa en muchas ocasiones, de ser grandes seguidoras y apasionadas del género. Y, muchas más de las veces que quisiera, me pregunto cómo puede una persona subir un documento word a Amazon y llamarse a sí misma escritora.




4 de febrero de 2018

Ojalá nunca nos abandonen las emociones

Somos emoción. Eso creo. Las emociones, tan frágiles, tan manipulables, tan incontrolables, nos llevan muchas veces a la deriva, nos superan, dominan nuestros estados de ánimo. Éstas últimas semanas han sido un poco así. A veces dejamos que nos gobierne el desánimo y pensamos que lo que hacemos no tiene importancia. No consequences. 

La carencia de valor de los pequeños actos. Otras veces, juzgamos los de los demás con excesiva severidad. Los estúpidos problemas del primer mundo. Varas de medir distintas. Eso somos, supongo. Un conjunto de contradicciones que nos hace únicos.


Ojalá pudiera hablaros del poder de la palabra, de su efecto reparador. Ojalá pudiera deciros lo que significó leer esta entrada de Miss Brandon. Ojalá pudiera contaros todo lo bonito que pasa detrás de los sueños de otras personas. Ser parte de ellos, verlos crecer y realizarse. Vivirlos como un regalo. Ojalá, un día, cuando alguien me haga un cumplido, no me sienta como una impostora. Ojalá un día... Pero no será este. Hoy solo voy a olvidarme por un rato de todo lo que está mal en el mundo, de la rutina, de las pequeñas miserias. El ocio de los privilegiados. Voy a tomar esa historia que me espera en la mesilla y a dejar que sus páginas me lleven a otro lugar y tiempo. Sus protagonistas hace tiempo que tienen un reservado en mi corazón y vía libre para arrasar con todo. Un breve respiro sabiendo que, cuando vuelva, algo en mí habrá cambiado.

Mientras tanto... dejad al menos, que sí os deje un ejemplo del poder reparador de la música.



30 de enero de 2018

Adiós, enero

Enero se ha esfumado. Hace más de un mes desde la última entrada y sigo intentando justificar(me) las razones de mi ausencia. Enero no es un buen mes para mi gremio. Es comparable a agosto para la hostelería en zona de playa, así que algo de culpa la tiene el cansancio y el estrés de cumplir plazos con las administraciones públicas y plantear el nuevo año para las empresas (hablar de cómo capear la falta de empatía de los clientes lo dejaré para otro día, si eso...)

Quise hacer una primera entrada hablando de retos, de libros que están en la estantería y que no quiero dejar pasar sin leer este año. Al final he decidido que no la haré porque es probable que no la cumpla. No estoy para ese tipo de retos, leer es un placer, no quiero convertirlo en una obligación y por eso este año también he bajado bastante el Challenge de Goodreads. Quiero poder leer Anna Karenina sin pensar que sus mil páginas no me van a permitir llegar a él, por ejemplo.

Lo único que sí me he propuesto en 2018 es evitar hacer entradas polémicas o reivindicativas, ni nada que tenga que ver con lo que tantas veces he denunciado aquí. No se puede defender aquello en lo que has dejado de creer. Mi nivel de decepción ha llegado al límite de lo soportable y eso también ha influido a la hora de dejar pasar los días y reposar mis propios pensamientos y reacciones sobre lo que voy viendo y leyendo aquí y allá. Voy a hacerle caso a una amiga que siempre me hace sonreír cuando dice que a este paso acabaré con una úlcera. Supongo que un día, la porquería será tanta que no quepa debajo de la alfombra de confeti que hay montada y a alguien le estalle en la cara, pero la impresión es que autores, bloggers y editoriales se encargarán de coger una alfombra más grande, más falsa, donde meter más basura y seguir pasando por caja a recoger los beneficios. Ojalá, al menos, tuvieran el respeto y la decencia de no decir que lo hacen en nombre y en defensa de la literatura y la pasión por los libros

A cambio, sí ha sido un buen mes de lecturas. Os hago un resumen y algunas recomendaciones:


Empecé 2018 cumpliendo con lo que parece haberse convertido en una tradición: celebrar fin de año en una casa rural y releer La Dama del Paso, de Marisa Sicilia. Que lo sea, una tradición, tiene que ver con la época del año, con el frío que traspasa las páginas, con la idea de persistir, de ser fiel a uno mismo, de no imponer sino conquistar, de evitar lo obvio y apostar por lo sutil. 
Tiene que ver con lo que puedes coger de la ficción y llevar a la realidad. 
Yo me entiendo.




Las recomendaciones de Miss Brandon y Cris D, me llevaron hasta la novela Oona y Salinger, de Frédéric Beigbeder. El estilo del autor y su manera de hablarnos de ambos personajes reales, ficcionando sus vidas, lo convirtieron en una buena lectura. Me encantó el retrato de la época y las referencias a la Segunda Guerra Mundial, aunque tuve mis reparos cuando se habló de las relaciones sentimentales entre hombres y mujeres en las que existía una más que considerable diferencia de edad. No creo que pueda olvidar el siguiente párrafo:

En su libro de memorias, Mi autobiografía, Charlie Chaplin habla de su gusto por las mujeres jóvenes: «La mujer muy joven es una combinación de la madre y del primer amor. Al hacerse mayor, la joven se convierte en un ama de casa o una dama. La joven combina lo más bello y lo mejor»


El baile de las luciérnagas, de Kristin Hannah era uno de los libros pendientes de 2017. Fue un regalo. El libro y la historia. De esta autora había leído El ruiseñor y ya imaginaba que iba a gustarme esta novela, aunque sí es cierto que tuve también algunos peros en relación con los clichés que se iban introduciendo y, especialmente, con el desenlace final. Me llamó la atención que, siendo las dos protagonistas amigas desde la adolescencia, la autora pusiera en evidencia una rivalidad continua. También que reflejara una visión contrapuesta, y volvemos al cliché, entre una mujer de éxito y una mujer que apuesta por dejar sus aspiraciones profesionales a un lado para tener una familia. Aspirar a ser Oprah o la vecina de al lado. En cuanto al desenlace, aunque consiguió lo que se esperaba de él -que era emocionar a cualquier lector con corazón-, me pareció demasiado conveniente y tuve la sensación de haber leído antes esa misma historia. Todos estos detalles no consiguieron deslucir la sensación general de haber leído un buen libro.


Noches blancas de París, de Theresa Révay me la recomendó la autora Marisa Grey. Es el primero de una bilogía y tiene todos los ingredientes de una buena lectura: ambientada sobre todo en el París y Berlín del período de Entreguerras y la Segunda Guerra Mundial, tiene como protagonistas a una modelo rusa y su familia -exiliados tras la revolución bolchevique- y a un fotógrafo alemán. Una relación de idas y venidas, de secretos. Esta primera parte abarca un período de tiempo bastante amplio y eso ha hecho que los detalles y referencias históricas - hay un trabajo magnífico de documentación y eso es de agradecer -destaquen más que las relaciones personales. Quizá por eso eché en falta mayor emotividad. Espero leer el desenlace en Todos los sueños del mundo y ver la imagen completa de la historia.




Ni pena ni miedo: un juez, una vida y la lucha por ser quienes somos, de Fernando Grande-Marlaska Gómez lo encontré en un kindle flash a menos de un euro y me pudo la curiosidad porque ya le había oído en los medios de comunicación y es esa clase de personaje que desprende carisma.  Y me ha gustado leerle. No es ningún secreto que admiro a la gente valiente, que habla alto y claro y que es coherente con lo que dice. Y éste es un ejemplo. Grande-Marlaska habla sin demasiados tapujos de temas que le afectan a él y a nuestra sociedad: prostitución, situación del colectivo gay, terrorismo, familia, religión y algunas pinceladas políticas. Unos temas me interesaban más y otros menos, pero ha sido una buena lectura. He señalado algunas frases y párrafos:

 «Que el pasado no te frene, que el miedo al futuro no te paralice».

 «La homofobia, como el machismo, están tan incrustados en el tejido social que bajar la guardia en esas cuestiones representa muchas veces volver a las andadas o permitir por dejación que otros lo hagan»

También leí la última novela corta de Alice Kellen, El chico que dibujaba constelaciones. Nada que decir al respecto.


He dejado para el final mis dos mejores lecturas de este mes, de las que sí os incluyo la sinopsis:


SINOPSIS

Rabbit Hayes ama su vida, normal y corriente como es, y también ama a la gente extraordinaria que hace que esta vida sea aún mejor. Ama a su ingobernable y vital familia: a su hija Juliet y a Johnny Faye, ambos con un corazón de oro.


Pero el mundo parece tener otros planes para Rabbit, y ella lo aceptará sin más; porque Rabbit también tiene planes para el mundo, y solo tendrá unos cuantos días, los últimos de su vida, para hacer que estos sucedan.

Una cuenta atrás en la que encontraremos una verdad que no olvidaremos nunca. Una historia que nos hace sonreír ante las adversidades y las sorpresas que nos depara la vida, y que nos invita a encontrar la alegría en cada momento.



La lectura que ha salvado enero, la que necesitaba, es Los últimos días de Rabbit Hayes de la autora irlandesa Anna McPartlin. El blog Pasajes románticos le dedicó una reseña preciosa y desde entonces la tenía entre mis lecturas pendientes. Es una novela sentimental que cuenta lo que con tanta claridad dice su título. Rabbit tiene cuarenta años y el cáncer que ya había superado se ha vuelto a reproducir, de manera que ingresa en una clínica de cuidados paliativos. No hay lugar a confusiones ni sorpresas ¿verdad? Junto a Rabbit, la autora presenta un elenco de personajes secundarios que la acompañarán en ese tiempo y también conoceremos a otros que ya no están en su vida. Escenas del pasado y del presente. Siempre digo que las autoras irlandesas e inglesas tienen un don especial para hacer novelas sentimentales que emocionen y que sean capaz de hacerte llorar y reír al mismo tiempo. Tienen el secreto para que sus protagonistas se queden en el corazón durante mucho tiempo sin que por ello sean personajes ideales ni perfectos. Todo lo contrario. Es una apuesta segura para quienes disfrutamos con el género sentimental, por eso tampoco lo pensé demasiado y ya estoy con su anterior novela Más allá del amor.


SINOPSIS


Trixie tiene catorce años. Es una estudiante sobresaliente, guapa y popular, y está enamorada por primera vez. Su novio es nada menos que Jason, la estrella del instituto. Además, es la niña de los ojos de su padre, Daniel Stone, a quien siempre ha considerado un héroe. Y así es hasta que un acto de violencia pone su mundo patas arriba. Durante quince años, Daniel Stone ha sido un hombre tranquilo y cordial. Un marido que ha dejado a un lado su propia carrera como dibujante de cómics para apoyar la de su mujer. Sin embargo, años atrás era completamente diferente. Daniel canalizó su rabia en las páginas que dibujaba y enterró su pasado por completo... Hasta que descubre que Jason, el chico que había hecho resplandecer de alegría a su hija, ha acabado con la infancia de su pequeña para siempre. 
El décimo círculo es una novela que explora el delicado momento en que un niño se da cuenta de que sus padres no tienen todas las respuestas y que ser un buen padre significa dejar que tu hijo siga su camino. 
 
"El décimo círculo" es una novela innovadora e intimista que se embarca en el complejo mundo de la educación de adolescentes. La aproximación y tratamiento del tema es atractivo para padres e hijos. 
Esta obra cuenta con un cómic con guión original de la autora y gráficos de Dustin Weaver (autor de cómics como King Kong o Star Wars) 

El décimo círculo, de Jodi Picoult, ha sido como un viaje, mucho más cuando me ha acompañado Cris D en su lectura. Cuando leí la primera parte sentí la necesidad de poder hablar de ella con alguien. A veces hay temas que discutes con unas personas pero no con otras. Eso me pasa con Cris y por eso entendí que ella podría ser una buena compañera de lectura. Gracias infinitas por dejarse arrastrar a pesar de que la novela no es ninguna comedia, sino una historia difícil, adictiva y con unos personajes con muchas aristas. Es una obra que merecería una reseña. Publicada en 2006 pero con temas que están de completa actualidad: una adolescente que es violada por su ex pareja, el enfrentamiento al juicio público y paralelo de la sociedad, las inseguridades y cambios de jóvenes y adultos, la relación de padres e hijos, la mentira, las traición, el matrimonio y sus pequeñas miserias. Todos esos temas se tratan en ella. Se habla del Infierno de Dante, de cómics, del amor incondicional, del poder de los secretos. Podría hablar de ella durante horas, de la fuerza y fragilidad de sus protagonistas, desgranar escenas y reflexionar sobre lo que ocurre entre sus páginas. Por eso ha sido un inmejorable cierre de mes. Simplemente, leedla. 


Así que, adiós, enero. Siendo sincera, no me da pena dejarte. Febrero viene sin brújula, sin mapas y con un año más que tachar en mi calendario. Y resuenan en mi cabeza las palabras de Karmelo C. Iribarren, no hay nada como despedirse con poesía:



ESCUELA DE LA VIDA

La mirada 
al frente, 
la sonrisa 
a punto, 
y los zapatos 
limpios. 

No lo olvides:

ni una sola pista 
a los enemigos.