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6 de abril de 2018

Buen corazón quebranta mala ventura

<<Buen corazón quebranta mala ventura>>

Esa afirmación, esa especie de refrán, sobrevuela mi cabeza muchos días. La leí en la novela Por si me oyes, de Pascale Quiviger. El protagonista, David, sufre un accidente y queda en coma. Durante su estancia en el hospital alguien- no recuerdo si su mujer o su madre- dice esa frase. Como si tener buen corazón ya fuera razón suficiente para que despierte y continúe con su vida.

En algún momento todos nos sentimos así. A merced de la mala ventura, un término que me evoca líneas del destino marcadas en las palmas de las manos, naipes de figuras siniestras y vuelos de pájaros de alas negras. Algo unido al azar. Algo que no depende de ti.

Porque tener buen corazón nunca ha estado asociado a la suerte, el éxito, o cumplir deseos. Ni siquiera con que te vaya bien o te traten con aprecio. Por si hubiera alguna duda, no hablo de mí, sino de personas que conozco a las que nadie regaló nada, que han hecho frente a los desafíos, que decidieron hacer las cosas con honestidad e ir a contracorriente y eso -no cumplir con las normas establecidas-, las han convertido en personas incómodas o invisibles, a veces, ambas cosas. Ocurre en cualquier ámbito de la vida. Echo mano de algún consejo: desconfía del halago fácil en un mundo donde nadie hace nada gratis. No hay día que no lo piense. Hago mía la expresión de una amiga: afortunadamente, nunca nos cegaron las luces. Pienso en aquel poema de Antonio Machado... mala gente que camina...

HE ANDADO MUCHOS CAMINOS

He andado muchos caminos,                                                 Nunca, si llegan a un sitio,
he abierto muchas veredas;                                                  preguntan a dónde llegan.
he navegado en cien mares,                                                  Cuando caminan, cabalgan
y atracado en cien riberas.                                                    a lomos de mula vieja,
                                                                                                   
En todas partes he visto                                                         y no conocen la prisa  
caravanas de tristeza,                                                             ni aun en los días de fiesta.
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra,                                                  Donde hay vino, beben vino;
                                                                                                   donde no hay vino, agua fresca.
y pedantones al paño                                                             
que miran, callan, y piensan                                                  Son buenas gentes que viven, 
que saben, porque no beben                                                  laboran, pasan y sueñan, 
el vino de las tabernas.                                                           y en un día como tantos,
                                                                                                   descansan bajo la tierra.
Mala gente que camina
y va apestando la tierra…

Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan,
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.


Dejo las divagaciones. Vuelvo a mi rincón de lectura. Sigo leyendo historias de resilencia y estando cerca de personas que son abrigo y refugio.  Lejos de la mala gente que camina y va apestando la tierra.
Quizá, algún día, se cumpla esta afirmación y tener buen corazón no sea una debilidad. No estaría de más un poco de justicia poética. 

Cierro con palabras de autores que hacen que un día con poesía sea un día mejor, más completo, más bello. De la mano de Karmelo C. Iribarren, de una de sus Antologías poéticas: Pequeños incidentes. 


VUELVE A INTENTARLO

Esas mañanas de domingo,
en invierno,
a primera hora:

las calles recién regadas,
el aire fresco,
limpio,
el olor a cruasán de las cafeterías,
la locura
de los pájaros...

Como si la vida 
te dijese:
                mira, aquí me tienes,
vuelve a intentarlo.


LA LEVE SOMBRA

La leve sombra que proyectas
sobre la sábana recién inaugurada
es un país tranquilo, acogedor,
donde se hospeda
-por pura complacencia-
toda la luz del mundo.

4 comentarios:

  1. Qué preciosidad de entrada, mi chicaaa!!! Ains, alejémonos de los que van apestando la tierra y gocemos de las compañías que alumbran y calientan 😁😘

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  2. Es precioso, eres preciosa.
    Nada que añadir.

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  3. Hay palabras que siempre siguen vivas

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  4. Leerte me llena el corazón. Siempre lo hace. Quizá hoy más, porque mi ánimo se presta a ello. Hace tres años y pico que empecé el blog, sin esperar nada, absolutamente nada. No sabía que iba a escribir en él, ni que me aportaría, fue un impulso, como cuando empiezas a leer un libro que, a priori, no te interesa y simplemente te dejas llevar. Hoy, que le he puesto el candado definitivamente a un rincón que llegué a adorar (me ha costado un año y tres meses meter la llave en el candado) siento que me voy con una maleta llena. Me has llenado la maleta de cosas bonitas, no solo de libros compartidos, sino de vida. Una maleta que algún día abriré en otro lugar siendo libre, feliz y plena. Todo lo malo, todas las decepciones y la acumulación de mierda se ha desvanecido. Ha sido meter la llave en ese candado y desaparecer. Ya no duele, ya no pesa. Ya no me importa el qué dirán, ya no me importa ser juzgada, ya no me importa nada de todo lo feo que me ha traído mi pequeño y muerto rincón.

    Sigue volando con tus letras, Lidi.
    Sigue regalándonos entradas así, preciosas, que pellizcan el corazón.
    ¡Mua!

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